Lo que debes de saber
- Es la primera final de Champions entre un club francés y uno inglés, un dato histórico que rompe la hegemonía de otras ligas.
- Luis Enrique apuesta por su once de gala con Safonov en portería y el tridente Doué-Dembélé-Kvaratskhelia, según AS.
- Mikel Arteta sorprende al dejar a Zubimendi en el banquillo y alinear a Lewis-Skelly en el mediocampo, una decisión que ya genera debate.
- El PSG llega como campeón de la Supercopa de Europa 2025 ante el Tottenham, mientras el Arsenal busca su primera Orejona.

Una final con sabor a historia y a revancha
El París Saint-Germain y el Arsenal se juegan esta noche en Múnich la primera final de la Champions League entre un club francés y uno inglés. Sí, leyeron bien: después de décadas de dominio español, italiano y alemán, AS reporta que es el estreno absoluto de un duelo de esta nacionalidad en una gran final europea de clubes. Hasta ahora, los únicos antecedentes eran la extinta Intertoto, donde el West Ham venció al Metz en 1999 y el Troyes doblegó al Newcastle en 2001 por el valor doble de goles fuera. Es decir, esto no es cualquier cosa: es un partido que reescribe la historia del fútbol europeo, aunque en México apenas nos enteremos porque la transmisión en horario laboral nos agarra con el café a medio tragar.
Los onces: la apuesta segura de Luis Enrique vs. la jugada arriesgada de Arteta
El técnico español del PSG, Luis Enrique, no quiso complicarse la vida. Según el enviado especial de AS, «Luis Enrique no ha querido complicaciones en el once y apuesta por lo seguro. Saca su once de gala. Una vez que ha recuperado a Achraf y a Nuno Mendes». Así que el PSG sale con Safonov en la portería; Achraf, Marquinhos, Pacho y Nuno Mendes en defensa; Vitinha, Joao Neves y Fabián en el mediocampo; y el tridente ofensivo formado por Doué, Dembélé y Kvaratskhelia. Nada de experimentos: es el equipo que ha funcionado en los momentos clave, y Luis Enrique lo sabe.
Del otro lado, Mikel Arteta decidió mover el avispero. El técnico del Arsenal dejó en el banquillo a Zubimendi, el mediocampista español que llegó como fichaje estrella y que, según Pablo M. Fuentenebro, jefe de Sección de Fútbol Internacional de AS, «ha llegado muy al límite físico a este tramo final de la campaña, aunque su primer año en el Arsenal es de sobresaliente». En su lugar, Arteta apostó por Lewis-Skelly, el joven que le dio tan buen resultado en las semifinales ante el Atlético. Además, Mosquera ocupará el lateral derecho tras las bajas de Timber y White. El once del Arsenal: Raya; Mosquera, Saliba, Gabriel, Hincapié; Rice, Lewis-Skelly; Saka, Odegaard, Trossard y Havertz.
«Zubimendi ha llegado muy al límite físico a este tramo final de la campaña, aunque su primer año en el Arsenal es de sobresaliente» — Pablo M. Fuentenebro, AS
La decisión de Arteta es una declaración de principios: prefiere la frescura y la energía de un joven que ya conoce el sistema a la experiencia de un jugador que llega fundido. Pero en una final, ese tipo de apuestas pueden salir increíblemente bien o convertirse en el centro de todas las críticas al día siguiente. Y en el fútbol, como en la vida, el margen de error es mínimo.
El factor sorpresa: ¿genialidad o suicidio táctico?
Lo que hace interesante esta final es que ambos técnicos son españoles, pero sus enfoques no podrían ser más distintos. Luis Enrique, fiel a su estilo, confía en la maquinaria que ya ha engrasado durante meses. Arteta, en cambio, demuestra que no le tiembla la mano para cambiar el plan en el momento más importante de la temporada. Y mientras el PSG presume de haber levantado la Supercopa de Europa 2025 frente al Tottenham en los penaltis, el Arsenal llega con la etiqueta de ser uno de los equipos más sólidos de Europa, pero sin la experiencia de haber ganado una Orejona. Eso, en una final, pesa. O no. Porque el Arsenal de Arteta ya demostró que puede competir contra cualquiera, y el PSG de Luis Enrique sabe que esta es su oportunidad de consolidar un proyecto que ha costado miles de millones de euros y varias decepciones.
Lo que está claro es que esta final no es solo un partido: es un duelo de filosofías, de egos y de dos entrenadores que se conocen bien y que saben que el que gane esta noche se llevará mucho más que un trofeo. Se llevará el derecho de decir que su método funciona. Y el que pierda, tendrá que explicar por qué su apuesta no fue suficiente. En el fútbol, como en la política, las explicaciones llegan después, cuando ya no hay tiempo para cambiar nada.


